viernes, 29 de noviembre de 2013

LA DERROTA DE UN NAVEGANTE

Mi barco se encuentra encallado entre las rocas del acantilado de mi vida. Se soltó del ancla que lo sujetaba en la última tormenta sin intentar remediarlo. A veces, cuando tengo fuerzas, puedo sujetarlo con las rocas que hay en el fondo de mi espíritu y amarrarlo con el vigor suficiente que mis esperanzas de vivir puedan surgir en cada momento. Pero últimamente, el mar me ha jugado muy malas pasadas y estoy en el borde del abismo. Mis eslabones de seguridad en mí mismo y que sujetaban el áncora, se han oxidado lo suficiente como para desquebrajarse de tanto balanceo de los vientos que, continuamente, me han estado azotando a lo largo de larga y pesada travesía.

Ahora creo estar en calma pero sigo atrapado entre los colares de la inmensidad de las profundidades, sin determinar aún porque me encuentro estancado en este abrupto paraje. He perdido mi rumbo, mi norte y mis sentidos porque ya no sé orientarme. A veces pienso, que hasta la luz del faro que me guiaba, ha dejado de alumbrarme.

Me encuentro hundido y derrotado y sin ganas de salir de este varo que aún me tiene dominado. Hasta ahora, he podido enfrentarme a Poseidón con sus múltiples tentaciones, pero en estos momentos, me fallan tanto las ganas como mi cuerpo que se han rendido a sus continuos balanceos.

Las gaviotas me observan inertes, expectante a que dé mi último suspiro como buitres carroñeros. Y los miembros de mi tripulación, algunos de ellos, los que creían que estaban a mi lado, han abandonado la cubierta cuando ya no han sacado provecho de mi alma fatigada. Los que quedan, tienen tantas preocupaciones para salvar la suya y buscar sus salvavidas, que no debo ni puedo pedirles que socorran la mía.

Y me empiezo a deteriorar, a extinguirme porque me siento cansado de subsistir y de beber de esta agua que ya se ha vuelto demasiado salada. Y veo como la marea sube y me cala porque sigo atascado en esta isla desconocida en el centro de mi océano. No encuentro salida ni resquicio de otro velero que tire de mi proa para sacarme de este atolladero. Tal vez es que en este estado, no quiero mirar al otro lado buscando soluciones. No quiero mirar al horizonte indagando si mis problemas pueden tener soluciones y disiparse la niebla que ha empezado a acecharme. Me apetece estar solo y hundirme en mis propios recuerdos de cuando navegaba con la frente bien alta, hacia oriente, buscando nuevos retos y nuevos tripulantes que me hicieran la vida más amena.

La soledad ha empezado a hacerse mi amiga y me empieza a acompañar en estos minutos de mí ya inexistente vida. Creo que ya no quiero remedios caseros, ni conclusiones, ni tener nuevos vientos que me inspiren ante tanta derrota porque me da miedo volver a chocarme contra el lecho marino que se encuentra bajo mis pies cuando la marea baja. Ni quiero salir victorioso, ni honores por las batallas ganadas, solo quiero descansar de tanta tristeza que me ronda continuamente en mi día a día.

Siento temor por hundirme junto a mi barco pero es el único remedio que me queda, puesto que he dejado de sentir mi alma como antes y las salidas que el destino me ofrece, no son tan tranquilizantes como creía. Rugirían de nuevo las olas, el mar me devolvería sentimientos y la brisa del océano me recordaría cuantas veces ha interrumpido en mi vida.


No quiero seguir padeciendo la sociedad que me critica, ni quiero que la brújula me señale continuamente, ni ser vela de falsos pasajeros con envolturas de comedia. Tan solo quiero silencio, que el sol me ilumine en lo que me reste de vida. Que me dejen con mis recuerdos y mis canciones hasta que la profundidad de mi averno, toque a mi puerta algún día. Y que reclame mi alma y que se hunda a mi lado y que se acabe con ello, mi dolor y mi poca cordura, finalizando así mi noche, y con ello, mi nuevo día.

JMSalvador
29/11/13


miércoles, 31 de julio de 2013

DELEITANDO UNA JORNADA CERVANTINA

“”... Y, vive Dios, que en mi ansia de viajar, di con una villa, cuyo interior de sus murallas y atrapada por el paso de los tiempos, arropaba a su ciudad más cervantina.

Mi sed se hizo notar de inmediato al igual que mi cansancio y decidí buscar algún lugar donde aposentar mi enorme cuerpo exhausto. Di por entonces, entre las innumerables calles medievales y sus grandiosos santuarios sagrados, con una minúscula pero a su vez, acogedora taberna.  Me deslicé dentro de ella embriago por su encanto e inmediatamente pude sentir la paz que emanaba de sus cuatros paredes de color bermellón y fuego.

La visión que ofrecían mis ojos, demostraban el buen ambiente de sus gentes: Grupos de zagales imberbes con sus jóvenes damiselas románticas. Nobles parejas acurrucando su amor y su buena compañía, Nobles de alta alcurnia, jornaleros de ciudad, soldados de la villa, familias completas con sus jóvenes retoños. Estudiantes, transeúntes, forasteros... Y en sus manos, en común, el más preciados de los tesoros: una gran copa de vino siendo saboreado por los labios de los allí presentes sin desperdiciar ni una gota de su valioso contenido. Una Sangre de Toro, un Borsao aragonés, un Rioja, un Mara de Galicia, un blanco de Alsacia, un frutal con sabores jamaicanos, servido con placer por su amable dueña y sus cordiales meseros.

Para amenizar tanto sabor y la velada, tapas de todos los gustos para paladares exquisitos y con pocas especias para no matar el agrado que producía el degustar el placentero líquido sagrado.

La postal era jovial, alegre, triunfal. Llena de encanto y de vida. Se notaba que sus parroquianos sabían dónde se sentían arropados después de una jornada estresante y calurosa de aquel típico día de verano.

Me sentía a gusto, relajado, inmenso e inmerso, acompañado por el calor de aquellas gentes. En definitiva, me honraba ser uno de ellos.

Seguro, que si Fray Diego de San Nicolás, patrón de la villa, hubiera vivido en estos tiempos tan modernos, dejaría sus quehaceres para otros momentos y degustaría en el Tempranillo una gran copa de suculento manjar, mientras que sus pies descalzos reposarían junto a los de otros lugareños y así, admiraría con inmensa devoción en lo grande que se ha convertido con el paso de los tiempos, su Castillo en el río Henares, su Complutum como la denominaban sus ancestros los romanos. Su querida y añorada cuna de Cervantes. Su Alcalá de Henares. “”

JMSalvador
24/07/13




miércoles, 3 de julio de 2013

MUDAR LA PIEL


A veces, uno debe frenar su vida y ver si lo que estás haciendo es lo correcto. Creo que en mí, ese momento ha llegado.

Llevo mucho tiempo por el mismo camino y creo se ha me hecho rutinario. Intento, antes de pegar un mal paso, asimilar toda mi existencia vivida desde que tengo uso de razón. Intento comprender todo lo sucedido y lo que pueda suceder a partir de ahora, de una forma objetiva, clara y pausada para no perder ningún detalle, y sobre todo, mi cordura. Mi lucha interna, las experiencias, el buen hacer, el mundo de mi alrededor y el tiempo a veces perdido, me han enseñado que la vida que me ha tocado vivir, se vive una vez por muy corta o larga que sea, y que hay que aprovecharla.

Continuamente veo la historia y el mundo que me ha tocado vivir sin emitir ni un solo juicio de valor. Creo a veces, que no debería haber sido digno de esta gracia que he tenido, ya que innumerable veces me he equivocado y multitud de veces he superpuesto mí parte terrenal a la espiritual. Pero creo que nadie es perfecto, y digo nadie aunque haya una razón para ello.

Con la edad que tiene mi alma debo dar gracias por haber enseñado e inculcado la doctrina del amor, la libertad y el respeto a los demás de una forma sana y sencilla. Gracias a ello, he llegado hasta donde me encuentro ahora.

Son curiosas las vueltas que da el ser humano sobre sí mismo para llegar a conocerse y comprender a sus semejantes. Ser maestro de los demás siendo tú el discípulo de la Humanidad, de los caminos emprendidos y empedrados y que has conseguido solo con la ayuda de aquellos que te dan la mano y te aman como bastón de apoyo, y que han estado a tu lado desde el principio de los tiempos. Sentirse querido sin pedir ni recibir nada a cambio y hacer partícipe de tus experiencias al que se encuentra a tu lado y que has necesitado. Por lo menos, así me lo inculcaron quien siempre han estado a mi lado.

Recuerdo el día en que me dijiste:

 “ ... En este mundo tan complicado de leyes paganas, con todo tipo de culturas, religiones y cambios sociales, el que presta su alma al servicio de los demás que no espere recompensa alguna por parte del individuo al que ha socorrido. Solo espere sosiego de aquellos que realmente se consideran amigos puesto que siempre, éstos, estarán a su lado sin pedir nada a cambio. Y son tan pocos los llamados a la mesa del Señor que apenas se agolpan en las manos de Éste... Pero búscales, nunca pierdas las esperanzas ni des por perdido el camino, tal vez, alguien lo necesite de nuevo y busquen de nuevo tus manos, para coger impulso y no perecer en algún estanque profundos...“.

Eso es lo que siempre me llevaré: Esperanzas….

¡Dios mío, cuántos hombres y mujeres han luchado y sobrevivido después de años de existencia y han sucumbido en esta cruel realidad, en corazón y mente dentro de nuestro camino! Y cada vez son menos. Vivo en un mundo injusto de injustas y crueles palabras, que el más sabio es aquel que se cree el más poderoso y que solo busca la mano del más honesto y débil para poder de nuevo elevarse y ganar así sus propios propósitos.

Ahora ya soy más consciente de ello aunque haya tenido que pagar un precio para equilibrar mi balanza espiritual. Pero también es gratificante saber que todo lo que he hecho no ha caído en saco roto y todo lo salvado o perdido para no extinguirse en la hoguera del sufrimiento, de la monotonía y el aburrimiento, ha servido para algo.

“” Creo que lo que hago, es lo que elijo “”

Cuando la gente se dedica a criticar lo que haces creo que no se ha mirado su propia viga en el ojo. Alguien dijo alguna vez que si hablas de mi vida es porque tu vida es, supuestamente, un ejemplo de vida, si no, no tienes derecho a hacerlo.

Con lo cual, debemos pasar por el camino de ignorar y no sucumbir a sus palabras malsonantes. Solo ignoraremos que será lo más inteligente.

No rompo mi cadena con el mundo, no abandono, solo sigo un camino dictado por el destino y es lo que quiero. No me apeo de mi carro, solo descanso y decido tomar otra ruta alternativa. Cada uno, nos iniciamos en nuestro sendero con nuestros propios fantasmas. Pero no debemos aferrarnos a ellos como si fueran la respuesta a nuestro destino ya que, muchas veces, nos dicen que andemos por otro sendero, y cuando no nos gusta, parece que el camino es el incorrecto. Solo debemos asumir lo que nos toca.


Creo que ya es hora de seguir por otro camino que enriquezca a mi corazón y mi espíritu…

Debo mudar mi piel


JMSalvador
3/07/13





miércoles, 27 de febrero de 2013

CUANDO EL CORAZÓN DUELE


Me miró fijamente y me observó con los ojos ensangrentados de desprecio y aborrecimiento

-        Me duele el alma – le miré fijamente con lágrimas en los ojos - Quiero gritar… Quiero echar fuera de mi todo aquello que me estorba, que me impide seguir caminando y avanzando en mis propósitos… Pero veo tantas injusticias a mi alrededor que no puedo callar, no puedo contener tanta rabia. No puedo sentir amor por alguien que se comporta conmigo y con los demás como un cínico y miserable… No puedo, es contra natura y está fuera de mis principios…

Miró al horizonte y caminó unos pasos hacia el montículo de piedra. Guardó silencio y cogió aire, el suficiente para exhalar de un solo golpe, palabras de gratuita calma y de inmensa sinceridad.

-         El Señor dice que sí el corazón está enfurecido, debemos sujetar la lengua para guardar silencio, ya que la mente juega malas pasadas y decimos lo que no debemos. Tenemos que pensar antes las cosas para que el corazón se apacigüe y guarde quietud. Así, la lengua dirá sosegadamente lo que siente el alma.

-         Pero mis sentimientos no son puros porque me aflige vergüenza de ellos y me hace sentir impotente – reprimí mi angustia.

-         Querido Iridel, los sentimientos son ideas que deben dominar a las palabras, calmando las fuerzas de nuestras buenas o malas ideas.  – se volvió a mi - Por tanto, guardad silencio para que tu corazón se sosiegue y no digas nada de lo que luego puedas arrepentirte, no vaya a ser que el oído del otro corazón que te escucha, oiga lo que no debe y enfurezca su boca y humilde tus sentimientos.

-         ¿Debo pensar lo que digo antes de actuar?.. pregunté.

-      Debes decir lo que siente de manera y clara que el que esté a tu lado sepas a lo que te refieres, si dices lo que no sientes, oirás lo que no quieres y será un continuo compendió de malas palabras y barbaridades.

-         Pero es injusto- insistí.

-         Pues hazlo justo y que te oigan y te entiendan, solo así saldrán de tu boca palabras con fundamento y con sentimientos. A los guerreros se les gana en las batallas con palabras y gestos de buena voluntad, no con espadas y lanzas. Así David, venció a Goliat y libró a Israel del gigante.




La necedad del hombre pervierte su camino, y luego su corazón se irrita contra el Señor.

Provebios 19:3

JMSalvador
27/02/13