domingo, 15 de abril de 2018

PROMETO COMPROMETERME

Cuando estabas en el vientre de tu madre, prometí cuidarte hasta que nacieras, sentirte cada día cuando arrimara mi rostro a su tripita y oír tus pulsaciones y las pataditas que metieras.

Me comprometí entonces en cuidar de ti, en quererte, en cantante bonitas melodías de tu próxima infancia, en hablarte cómo si ya estuvieras fuera.

Cambiamos nuestra forma de vivir, nuestros hábitos, nuestra casa, nuestros deseos por otros mayores, nuestras ganas de que pasaran esos nueves meses rápido para tenerte en nuestros brazos.

Prometimos comprometernos para que siempre fueras feliz, darte una vida libre de todo mal y desear que tus deseos se cumplieran algún día y se hiciesen realidad.

Cuando naciste, lloramos emocionados por tu presencia y fue entonces cuando supimos eras, redondita, pequeñito, frágil, con ganas de comerte el mundo, sonriente, con ese pelito negro, rubio o pelirrojo que siempre te caracterizó. Que ya el mundo te conocía y tenía que portarse bien contigo.

Te prometí entonces cuidarte, arroparte cuando hacía frío, darte todo aquello que necesitabas y que ahora, invulnerable, no eras capaz de hacerlo por ti mismo.

Me comprometí a seguir contándote cuentos y cantar bonitas canciones para que reconocieras mi voz. A hacer el tonto si así conseguía sacarte una sonrisa. Pasear por la calle en tu cochecito para que brillaras más que el sol, a enseñarte a que dieras tus primeros pasos, a oír grandes historias por parte de los demás, a oír tus pequeños balbuceos contándome las tuyas. A ver la tele junto, tus dibujos preferidos hasta que el sueño podía contigo y te quedabas dormido pegado a mi pecho…

Cuando empezaste la guardería, sabía que aquello era un gran cambio para los tres. Era difícil desprendernos de tu compañía, de tus sonrisas y de juegos que ahora con otros y otras compartirías. A hacerte las coletas de tu melena rubia, a quejarte cuando te peinaban, a vestirte como papá porque querías parecerte a mí. A que te echase mi colonia, a colocarte tú babi rosa, azul o verde.

Prometí llevarte todos los días e ir a buscarte, a que me enseñaras lo aprendido y lo jugado, a salir de paseos juntos para comernos un gran helado. A montar en los cochecitos, en el tío vivo o en tu elefante preferido.

Y me comprometí entonces en viajar a tu lado y responder a todas tus preguntas con tus porqués y tus cómos…. A jugar en los columpios, en preparar tu mochila para el día siguiente, en jugar en tu bañera, en tus estudios, en tus meriendas, con el gato, en tu crecimiento día a día tanto físico como personal. A verte sonreír, llevarte al médico cuando estuvieras malo, tus partidos de futbol, los cumpleaños con tus amigos, tus juegos con las Barbies, los Nenucos, tus cocinitas, tus coches y tus Transformers. A verte bailar, grabarte en video tus coqueteos y sentir como poco a poco ibas creciendo, y al arroparte por las noches cuando estabas cansado o a dormir a tu lado cuando tus sueños te eran pesados.

Cuando seguiste creciendo, yo crecí a tu lado y llamabas mi atención para llevarte de compras y me camelabas para que comprara esa falda que tanto te había gustado. Esas zapatillas que molaban y que fardarías al lado de tus colegas, tus primero sujetadores, tu primer periodo que tanto te traumatizaba. Tú primera maquinilla de afeitar, pedirme dinero para poder ir al cine y ver a tu héroe favorito en la gran pantalla. El dejarte en un cumpleaños o en algún centro comercial y alejarme para no hacerte sentir incomodo delante de tus amigos.

Prometí entonces hacerte caso, respetar tus deseos y apartarme a un lado y comprometerme a dejarte tu espacio, tú zona de confort y seguir preguntando cuando se podía que tal te encontrabas, si algo necesitabas. Llamar a tu puerta con el picaporte cerrado porque ya no era mi sitio sino el tuyo. Tus pataletas, tus problemas en los estudios, tus clases de formación o universidad, tus primeros y amigas con roce, tus primeras salidas por ti sola, A esperar a que vinieras a alta horas por las noches y descansar cuando la puerta se abría y pasabas sigilosa a tu habitación dándole gracias a Dios por acompañarte.

Comprometerme a guardar silencio o no preguntarte cuando venias enfadado. A dejarte mi hombro libre cuando llorabas en tu cama, aunque supiera que no querías mi consuelo. A ver como tu camino tomaba otro destino distinto al nuestro. A verte sonreír junto a aquel chico que tanto te había gustado. A tus tatuajes o piercing, a tus amuletos y tus cortes de pelo.

Cuando el trabajo llamó a tu puerta y con ello el dinero, la independencia y el compromiso, ya supimos que tarde o temprano tus ausencias serían inevitables. Apenas nos comentabas tu vida, solo cuando creías que debías hacerlo. Tu coche, el mío, el viajar con las amigas, tus fotos en las redes en las que te buscábamos para saber cómo te iba yendo.

Prometí entonces que no debía sufrir con aquel nido vacío que habías dejado, que te echaríamos mucho de menos y que de los veinte pasarías a los treinta y que debías vivir tu propio camino. Me comprometí entonces en intentar tener algunas llamadas para ver como estabas, preguntar por tú hijos y tu pareja si a lo mejor habías tenido. O por tu soltería, por tu vida, por tu trabajo y tus viajes, recordándote en todo momento que estos viejos seguían estando a tu lado. Y porque no, vivir una segunda luna de miel con nuestra pareja y empezar a asumir que la soledad ya llamaba a nuestra puerta y que tú ya habías volado.

Cuando la máxima edad tocó ésta, prometí no llamarte sino era realmente necesario, agarrándonos a nuestros álbumes y a nuestros recuerdos. Me prometí a mí mismo a solo recordaros y teneros continuamente presente y me comprometí a no llorar y a echaros tanto de menos, a olvidar todos los problemas y discusiones que tuvimos cuando fuisteis pequeños. Nos conformaríamos con una llamada o tan solo a veros una vez a la semana o dos veces al mes o tres veces al año.

Ahora que este ciclo se ha acabado, prometo haber sido feliz junto a vuestra madre, haberos dado el amor de un padre, haberos dado la vida, todo aquello que nos pedisteis y pudimos daros, haber cumplido con vuestras expectativas y deseos.

Ahora que ya tomamos el camino de ida sin retorno prometo llorar porque no estaré a vuestro lado, que ya seguramente no veré a mi pareja con la cual tanto he caminado. Me acordaré de mis padres, de mis suegros, de aquellos que antes que ya cogieron el mundo por montera y vivieron nuestra propia experiencia dando gracias a Dios porque sea yo el que me vaya cumpliendo así el ciclo de la vida y orgulloso de haberlo vivido.

Y me comprometo que, desde el Cielo, seguiré bajando en silencio al ver cómo te encuentras, si alguna vez te acuerdas de mí y puedo ayudarte en tus pensamientos, darte un beso en la mejilla y arroparte en tus dulces sueños. A decirte buenas noches, a cantarte esas canciones que tanto te encantaban de pequeño y quedarme en tu lado para velar tus pesadillas cuando aún tengas miedos…


Jesús Mª Salvador ©
15-04-18



jueves, 12 de abril de 2018

CAER PARA VOLVERSE A LEVANTAR



No sé cómo he llegado hasta este punto. No se como caí, como no me di cuenta a tiempo o cuando no quise verlo. Cuando tropecé y no pude o no quise levantarme. Dejé que las piedras se fueran asentando a mi alrededor y no me propuse nada más que esperar a que éstas se apartasen y no me cubrieran por completo.

Creo que seguí todos los pasos indicados, el camino trazado, los objetivos marcados. Desdé niño así lo vi, así lo comprendí, así lo sentí. Me mostraste el niño que había en mí, la luz indicando mi vida, mi libro de lomo negro con las páginas en blanco… Me pediste un libro y te lo escribí, un poema y te lo dediqué, una sonrisa, un suspiro y una lágrima cuando así me lo indicaste…

Y ahora sigo aquí, cubierto por la primera piedra que una vez me tiraste para que me diera cuenta que mi camino no iba a ser un lecho de rosas y lo aguanté para no decepcionarte.
Cuanto ha pasado de esto, ¿diez años, veinte, un siglo, cien...?

Y no he aprendido todavía o aprendí demasiado deprisa y me resbalé. Te pedí ser niño y fui joven, ser dichoso y bajé tres escalones, saber de la vida y me apalearon, amar y ser amado…
Creo que al igual que me lo diste me lo quitaste, era lógico. Mi vida no es mía sino tuya, tal vez no te entendí lo suficiente para saber lo que querías decirme.

“Te estás equivocando”. Una y otra vez así me dijiste en sueños. Pero opté por conformarme para no desviarme de tu camino e incluso me esperé a que me dieras las pautas suficientes para seguir llevando a tu gente por el camino marcado, todo por no defraudarte. Dejé que las piedras cubrieran mi rostro, que minaron mis fuerzas para quitármelas de en medio, que rompí mis uñas arañando cada abertura de aire que entraba junto a la minúscula luz del sol que me iluminaba, con eso me conformaba.

No supe hacerlo bien, o no supe expresarme.

Teresa decía que sintió tu “oscuridad” y hasta hoy no la comprendí. Te tenía tan cerca que no se dio ni cuenta porque tenía sed de ti en todo momento y ansiaba cada vez más tu presencia. Pero siempre te tuvo ahí y tal vez no se dio ni cuenta porque lo que quería no era lo que le dabas.

Así me siento yo, ahora…

Ahora estoy perdido, ahora tengo miedo. La ansiedad agobia mi ser y la depresión hace mella en este preciso instante ya que no tengo fuerzas ni para salir de este bache. Toqué fondo y aun así había más fundo para seguir cayendo. Todo lo que había ganado, lo he perdido en un instante.

“Aun así sigue construyendo…”

Me desmotivé para seguir escribiendo, para seguir expresando todo aquello que sentía y aun así insistías “sigue escribiendo”.

No supe o no enseñé o no me expresé lo suficiente para explicar a mi familia que todos somos unos y nuestros problemas son nuestros y no debemos separarnos. Aun así, seguí unificando…

Cuantas veces me han escupido y reído y me han insultado y cuantas veces he cedido y me he apartado y he dejado que me sigan pisoteando y aun así he continuado…

Cuantas veces me lo dijo, no llorarás, no soltarás ni una lágrima, pero las heridas serán tan profundas que nunca se te cerrarán.

Y después de todo, ¿puedes amar a Dios cuando la vida se complica? Algunos me dirían, ¿puedes creer en Él cuando no está para consolarme?, ¿de verdad existe?...

Claro que existe, para mí existe, no ha sido Él que me ha dado esta vida complicada para ponerme a prueba, he sido yo mismo que no he sabido saborear bien la vida. Tal te no he sembrado como debía sembrar o no era el sitio indicado. Creo que sigue estando a mi lado pero no le veo o no he sabido localizarle.

¡¡¡Tanto desasosiego...!!!

Dejé de ser ángel del Cielo para convertirme en soldado de barro y carne para defenderte. Luché, con todas mis fuerzas para que nadie sufriera a mi alrededor y perdí en la batalla de la misión que me encomendaste.

Ahora sigo sentado, esperando mi destino, esperando que alguna de las puertas que hay a mi alrededor se abra y pueda de nuevo volver a remontar el vuelo, tal vez salir de entre las piedras caminando a mi nuevo destino o dejar que me aplasten para dejarme totalmente sepultado.

Tal vez todo se haya acabado…

Pero, aún así, herido, hundido, sin aliento y fatigado tengo que hacer mi último esfuerzo para decirte:

“Padre, soy tu hijo. Por favor, Padre, ayúdame porque estoy confundido, herido, doblegado. Tengo miedo, no sé, no entiendo. Intento conducir mi destino, pero no está funcionando en mi corazón y en mi vida cotidiana. Falta algo, sé que eres Tu pero no sé hablarte, no sé dónde estás, no sé qué decirte para así llamar Tu atención… Por favor, escucha mi voz, por favor, Ayúdame”

Jesús Mª Salvador ©
12-04-18





viernes, 20 de enero de 2017

MÚSICA PARA EL ALMA

31 DE DICIEMBRE

Durante los 365 días que tiene un año solemos hacer todo lo que nos plazca, vivir nuestra propia vida, la de los demás, sentir en cada momento el mundo que nos rodea, sonreír, llorar y sobre todo cerrar los ojos a aquellas cosas que son evidentes y pueden causarnos daño.

Tan solo hace falta que llegue el final de año para intentar cambiar las perspectivas de nuestra vida y analizar todo aquello que hicimos para intentar repararlo o remediarlo para el siguiente año o disfrutar de aquello que hicimos y fue satisfactorio para nuestro alma. Modificamos nuestra filosofía de la vida y por tanto utilizamos nuestra propia transición. Queremos pasar de lo antiguo a lo moderno o de un pasado a un futuro un poco mejor, pero solo nos quedamos en el intento y por tanto no superamos nuestras propias perspectivas y vuelve a pasar tus 365 días intentando que de nuevo, el siguiente año, puedas superarlos.

Lo que nos proponemos para superar aquellos escollos de la vida que tanto te estaban hundiendo o no veías salida, sigues sin superaros y terminas como empezaste, deseando no haber vivido esa etapa en tu vida. Por tanto te dedicas a pensar que la vida no es justa contigo y que se niega a aceptar lo que aun necesitas. Piensas que el mundo es cruel contigo y la mala suerte te acompaña en tu día sin darte cuenta que lo que vives es distinto a como la experimentas día a día. Tú consciente ve tan solo los contratiempos y oportunidades que experimenta y tú alma solo las oportunidades y objetivos a los que te enfrentas.

¿Por qué a mí, porque yo

A causa de todos los problemas que existen en tu vida, apenas ves la solución de todos ellos y sientes que tus puertas se cierran y la luz al final del camino ya no es alcanzable, es cuando te das cuenta que dodo ha girado 180º y que todo a tú alrededor se desmorona y perdemos todo aquello que conocíamos. Te sientes apático, sin sentido y te encuentras en un punto de inflexión.

A partir de aquí o te bajas del tren que te lleva a tu destino final o simplemente te paras dentro del puente a esperar una solución que pueda de nuevo encauzar tu rumbo. Te sientas alrededor de las puertas observando cuál de ellas será la que debas abrir sintiendo de nuevo el miedo a volverte a equivocar. Sabes que una vez que cruzas el umbral ya no podrás dar marcha atrás.

En mi anterior año cerré mis puertas a amigos, a la gente que me rodeaba, a las cosas que me estorbaban e incluso a la familia que creía conocer y que en verdad llegan a ser unos auténticos desconocidos. Por tanto, mi camino a la Transición puede ser que haya comenzado o que en verdad ya la esté viviendo y hasta ahora no he sido consciente de ello.

Tal vez cuando despierte en mi totalidad, mis ojos se transformen y vea de distinta forma la vida o tal vez sea la misma pero otras perspectivas. Necesitaré antes que mi vida se acomode a lo que pueda vivir y que mis propósitos sean firmes y objetivos e intentar que no me afecten demasiado.

Los grandes sabios dicen que esa transición te hace perder tu antiguo Yo y que esa fase para llegar a vivir en plenitud tu nueva vida sea inestable y deba perder todo aquello que me ha hecho daño hasta entonces. Que las tristezas, miedos y las viejas heridas salgan de nuevo a la luz siendo doloroso y totalmente frustrante. Que te escondes en un rincón de tu habitación para no salir más y te agazapas como los niños pequeños para no seguir sufriendo.

A nadie nos gusta pasarse días enteros dependiendo de la gravedad del asunto que te conmueve pero, por desgracia, debemos completar el proceso. Durante ese proceso, tu mente piensa que nada se puede hacer y que no merece la pena seguir viviendo y pides al mismo Dios que te lleve consigo para no seguir con esa angustia constante.

Por tanto, debemos serenarnos y esperar a que ese plan perfecto que está diseñado para ti, salga a luz y puedas poner de nuevo tu tren en marcha. Debernos limpiar y reconstruir todo lo dañado antes de empezar una nueva vida después de esa transición. Tenemos las herramientas suficientes para creérnoslo y veremos de otra forma todo aquello que en su momento nos hizo daño.

Esperar…

Pero una cosa tengo bien clara: no me arrepiento de lo que hice o de lo que he hecho y ni pido perdón a todos aquellos que pasaron por mi vida porque también fueron culpables de todo lo que mí aconteció.

Por ahora cerré mis puertas un 31 de Diciembre de todo aquello y de todas aquellas personas que me hicieron daño de los cuales prefiero alejarme antes de que sea demasiado tarde y ya no tengan remedio y no volveré a abrirlas hasta que sea consciente de ello. Mi transición para bien o para mal ya ha empezado.

JMSalvador
20/01/17



lunes, 30 de marzo de 2015

TENGO UN SUEÑO… (Martín Luther King)


Javier siempre había sido un chico soñador, normal y con ilusiones. Se había dedicado a sus estudios nocturnos que compaginaba con el trabajo en el bar que tenían sus padres. Puso tanto esfuerzo y empeño por conseguirlo, que la vida le pasó factura a su delicado corazón. Pero aun así, consiguió trabajar en grandes empresas hasta tener un puesto a su medida y que pudiera vivir holgadamente, de eso ya hace 22 años. Se casó con una guapa y buena mujer, tuvo una hija y siempre tuvo grandes amigos a su lado que le apoyaron en todo momento.

Pero aun así necesitaba algo más para sentirse realizado y él sabía con certeza lo que le faltaba por cumplir. Necesitaba sentir de nuevo su niñez, su juventud, no perder sus recuerdos y recobrar todo aquello que tanto había añorado y querido: sus amigos del colegio, de ese colegio que le vio crecer en aquella ciudad pequeña al suroeste de Madrid.

Buscó teléfonos, indagó en las redes sociales hasta conseguir que alguien contestara a sus plegarías y tener algún ápice de esperanza de aquellos hombres y mujeres que compartieron con él su vida cuando aún era joven.

Encontró al primero el cual se reunió con él en un bar para expresarle sus inquietudes y deseos y, alegrándose de lo que le proponían, buscó a un segundo y éste a su vez a un tercero... Estaban escondidos, entre otros lugares, en Torrejón, en Valencia, en Málaga y en Badajoz. A estos le siguieron cuatro más, luego cinco, después once y hasta ahora que lleva treinta y siete… Casi tres años de búsqueda sin descansar para intentar completar los tres cursos de primaria que formaban Octavo de EGB.

Por tanto, Javier nunca perdió su ilusión y encontró así la forma de hacer sus sueños realidad.

Con medio siglo de vida en nuestras espaldas nos damos cuenta de que al final, lo que prevalece, es la ilusión y las esperanzas de poder recobrar y recordar lo que ya creíamos perdido. Esto es lo bonito, me comentó Marisa, poder afianzar todo aquello que conseguimos en el colegio siendo aún niños. Valores con una base sólida entre los amigos de la infancia y de la juventud, entre los cimientos que nos crearon y mostraron nuestros padres, pasando calamidades para poder contentarnos e ir a cualquier excursión extraescolar (Málaga, Mallorca, Galicia, Granada…) y vendiendo cartones o lotería para conseguirlo y que ellos pusieran el mínimo posible. El poder salir de excursión al Prado, al museo de Cera o de ciencias Naturales o a comernos un bocata en lo alto del Viso, en el Día de la Tortilla, metiéndonos en líos porque la zona estaba por antaño militarizada. Crear amistades en las Permanencias y en los comedores, hacer pellas, huir de la Mano Negra que nos aterrorizaba en los servicios, llevarnos algún que otro castigo del algún profesor o profesora y alguna que otra bofetada de alguna compañera por burlarnos de ella o intentar levantarle la falda. Pero sobre todo vivir sanamente y con respeto, sin dejar aún lado nuestra adolescencia de los 70.

Así crecimos, con esas anécdotas y compromisos que tanto nos inculcaron nuestros profesores con ayuda de nuestros padres y que nos enseñaron a luchar por aquello que queríamos, apreciando lo mucho o poco que poseíamos. Ese sacrificio que nos hacían renunciar muchas veces, como críos que éramos, a ciertas cosas porque la vida no nos la daba o nos las enseñaban vagamente. Es fue nuestro verdadero pilar de educación, de nuestra vida a la cual soldamos porque así sería el motivo principal de nuestra existencia.

Eso es lo que hemos intentado trasmitir a nuestros hijos.

A veces, a nuestra edad es bueno recordar y sentirse el Peter Pan de nuestros sueños que ahora, todos juntos, intentamos de nuevos exteriorizar y plasmar en cada reunión que tenemos después de treinta y cinco años perdidos de historias y aun viviendo en la ciudad no nos las hemos contado.

Ahora, Javier ha cumplido su sueño y le damos las gracias por hacerlo realidad. Y no solo a él por llevarlo a cabo, sino a los que hicieron posible a que esto llegase a buen fin:

A Juanjo, Gloria y Mari Sole del C.E.I.P. La Gaviota por poner los medios para conseguirlo. A nuestros profesores, Pepe, Eduardo, Rafael, Pedro, entre otros, por sus experiencias y su dedicación. A nuestros padres por su esfuerzo para que estos sueños nunca quedasen en balde. A los que están perdidos y a los que ya no volverán, por ser parte de nuestra historia. Y sobre todo, a estos hombres y mujeres que ya, con unos cuantos añitos encima, hemos conseguido de nuevo reunirnos después de tanto tiempo para seguir recordando.

Si, Marisa, esto es lo más bonito que hemos conseguido y de lo que tenemos que sentirnos orgullos. Sobre ello hemos basado nuestra vida, sobre los valores y el respeto hacía lo que siempre hemos creído. Pero aún nos queda tiempo para seguir buscando, sobre todo, para recordar y seguir soñando…

Nunca perdáis vuestros sueños…



Jesús Estremera
C.P. Luis Carrero Blanco (La Gaviota)
Torrejón de Ardoz - Madrid
Promoción del Año 1965/1966




domingo, 30 de noviembre de 2014

LA NATURALEZA OLVIDADA DE DIOS


… Y tras crear Dios el Edén, a lo visible y lo indivisible, al Hombre y a la Mujer, a todas las criaturas vivas del cielo y de la tierra y a todo aquello que era apto para el bien de la Humanidad, decidió descansar al séptimo día, olvidándose por completo de colocar algunas de las especies dentro de aquel vergel, dejándolas por consiguiente, apartadas en una isla desierta, a la cual llamó La Atlántida…

En ella, diversidad de especies esperaban que el Señor se acordase de ellas y pudiera darlas cavidad en el Paraíso, tal y como había prometido y acordado.

Pero no fue así…

Todas las mañanas, animales y plantas, se levantaban con la esperanza de que aquel pudiera ser su gran día y que por fin, se acordara de ellos y las llevara a ocupar parte de aquella majestuosa y virgen tierra que había creado.

Durante mucho tiempo, los árboles de la isla, se dedicaron a caminar de un lado a otro esperando tal acontecimiento, cuchicheando entre ellos sobre el tema y esperando a que Dios se acordase de lo que había prometido, pero con el tiempo, empezaron a acostumbrarse a vivir sin esperanzas, olvidándose de las esperanzas con las que habían crecido. Por tanto, se dedicaron a no pensar nada más que en ellos mismos y no en aquel que tenían al lado, apartándose de ellos para no echar raíces y quedarse asentados.

Ninguno se sentía dichoso de su vida, y las pocas veces que lo eran, no se acordaban del Señor para nada. Tan solo, cuando la desgracia se apoderaban de ellos y salía su nombre en sus pensamientos.

Árboles, arbustos, plantas y animales, se dedicaron a vivir en monotonía y empezaron a sentir el silencio de la isla. Si hubieran tenido ombligo, seguramente hubiera sido el centro de su existencia.
Dios, por su parte, observaba desde las alturas su “despiste” y, confiado, esperaba que no perdieran aún el ápice de fe para lo que fueron creados.

El silencio pasó de la calma al ruido interno de sus almas y dejaron de escuchar su espíritu para tan solo oír el ritmo de sus corazones, asumiendo un sentimiento profundo de tristeza. Este estado, se acomodó de tal forma entre ellos, que llegó a sentar precedente en aquella naturaleza olvidada en el arrecife.

Se perdió el equilibrio para lo que realmente fueron creados…

El Señor siguió observando entristecido.

Más allá, hacia el río, un Chopo bebía de un riachuelo que nacía de lo alto de la montaña. Junto a él, un Caballo blanco de crines aterciopeladas, le acompañaba. El árbol miró al cuadrúpedo y sonrió:

- No estoy solo – pensó – No me siento así, soy feliz. Sé que mi vida es larga en esta isla, es todo tan bonito y hay tantas cosas que ver. Todo es tan sencillo y saber que no existe en mí esa soledad. Hay tantos árboles, tantas plantas y tantas flores y tantos animales. Cada mañana me despierto y siempre le veo ahí. Es mi amigo y me hace tanta compañía. Hablamos de muchas cosas y sobre todo, nos reímos.

El caballo sintió la voz interior del árbol y dejó de beber, mirándole agradecido.

- No estoy solo, le tengo a él – siguió pensando - Además, somos muchos en el bosque, en la pradera, en el río, en el lago y en la montaña. Ayer mismo, me comentaba lo bonito que sería estar con más especies como ellos, no importa si son distintos. Compartir nuestras inquietudes y nuestros miedos, sobre todo, lo que pueda pasar en un futuro con nosotros…

El árbol cerró los ojos y miró al cielo. Suspiró.

- También me gusta meditar y puedo ir a mundos que están en mi mente, que seguro que, en algún lugar existen. Me siento muy bien meditando porque allí hablo con Dios. Le cuento mis problemas e inquietudes. Os puedo asegurar que es mi mejor amigo, porque me ayuda. Le oigo en silencio y me aconseja por qué camino ir y cuál es el correcto. Sé que Él también nos escucha. A veces le echo de menos, pero los ratos que estoy así, callado, disfruto de mi paz interior y me hace feliz… Sé que no estamos solos y que nos vigila en todo momento y no ayuda, ¿es que nadie repara en ello?

El caballo se rozó contra su tronco notando la pena que sentía el árbol

- ¿En qué piensas Chopo? – le preguntó el caballo.
- En la vida – le contestó.
- En verdad, amigo, quisiera ser tan inteligente y sabio como tú – suspiró el corcel – Aunque siempre me dices lo mismo: El tiempo lo cura todo, la vida te enseña a tener paciencia porque todo llega. No se corre, hay que esperar.

El Chopo sonríe, le mira a los ojos y le acaricia con una débil rama recién nacida.

- Somos afortunados, bello rocín de piel blanca, estamos vivos, respiramos. Solo el aire, para mí, es suficiente.

- Seguro que llegarán días mejores – continuó el animal, moviendo todo el cuerpo y luciendo sus crines al sol - Yo no me siento esclavo de nadie, nadie me ata, nadie me impide ser libre cuando salgo a galopar. Y encima, te tengo a ti de compañero y amigo.

El caballo observa de nuevo al árbol y observa su grandeza, su fuerza y vigor. Recuerda que, en todo momento, están vivos, y que en esta parte de su vida, se debe reír o llorar, aprender y escuchar. Que nunca estamos solos y que la soledad es para quien la busca y la encuentra, porque siempre habrá alguien a tu lado y por tanto, no debes sentirte abandonado… 

La vida es muy corta para guardar silencio...

El Señor, entonces, se alegró de lo que estaba viendo y sintiendo que su peso disminuía, pensó que si entre todas las semillas, una sola germinaba en la tierra, seguro que la vida seguía su rumbo y realmente, la naturaleza, no está tan olvidada como realmente parecía...


JMSalvador
30/11/14




domingo, 9 de febrero de 2014

SENTIRTE CERCA...


Ariadna, es la hermana del primo de mi mujer. Ella siempre ha contado, que aquel día fue cuando se dio cuenta de que existían los ángeles y que están con nosotros en la tierra. Su fe se perdió cuando murió su mamá.

Lucinda, como así se llamaba, falleció de cáncer dejando quehaceres pendientes en la tierra, sobre todo, aquellos que tanto ansiaba y sobre todo, acompañar a sus hijos en esta ardua batalla de la vida.

Ariadna cayó en una depresión y desasosiego que la hundió extremadamente.

Un día, años después de aquello, Ariadna se encontró con nosotros en un bar, para tomar un poco de mate y charlar de acontecimientos que habían cambiado su vida y que quería compartir con nosotros.

““Les cuento lo que me pasó estando un día en Argentina, rumbo a Buenos Aires, iba a viajar en un bus lujoso y cómodo para un puesto de trabajo que me habían recomendado en Bariloche. Como era normal, iba sola y me dio por pensar que las cosas no saldrían bien. Siempre, en los momentos más importantes de mi vida, mi madre había estado allí. Los nervios me hicieron perder la calma y necesitaba tomar un poco de aire y lavarme un poco la cara. Me acerqué al cuarto de baño y me miré profundamente al espejo buscando una quietud dentro de mí que me levantase la moral y que me dijese que todo iba a salir bien.

Cuando desperté de mi tránsito emocional, el corazón me dio un palpito y noté que los minutos habían pasado más deprisa de lo habitual y salir corriendo hacía el hangar donde debería estar el bus que me llevaría a mi destino, pero ya no estaba. Hacía salido puntual y a mí me había dejado en tierra, con mi maleta, con mi billete y sin esperanzas. Había tirado mi destino por la borda y sin ninguna fe de volver a recuperarla puesto que me esperaban en unas horas para entrevistarme y tomar posesión de mi nuevo cargo.

De pronto, una señora mayor se acercó a mí y me preguntó si podía hacerle el favor de meter mi mano en su morral y sacar un tubo de agua que tenía escondida en sus espaldas. La miré recelosa puesto que yo no hago esas cosas y menos con extraños, pero ella volvió a suplicarme ya que me explicó que era un incordio bajarse el morral de la espalda, con lo que pesaba, para luego volvérselo a subir.

Ella me sonrió y me pidió disculpas y eso me tranquilizó. Acepté su petición y saque su agua. Su sonrisa se hizo más viva y sus ojos brillaron un poco más de lo que anteriormente lo habían hecho. Me lo agradeció poniendo sus manos en las mías. 

- ¿De dónde venís? – me comentó
- De Arequipa, señora.
- ¿Cuántos días en Argentina?
- Vine a visitar a unos parientes a Santa Cruz y de paso encontré una buena oferta de trabajo. Llevo unas 20 horas de viaje y estoy extenuada.
- Yo también perdí el bus pero no me importa, yo vivo allí y no tengo prisa. Puedo coger el siguiente.
- Para mí el siguiente ya es demasiado tarde – le dije.


Volvió a sonreírme y agarrándome del brazo, tiró de mí. Me extrañé.

- Veni, vamos a coger un taxi.
- Pero…Es muy caro hasta allá.
- Nada, tranquila, lo pago yo ¿Para qué sirve la plata si no lo puedo gastar con los buenas amigas como tú?.

Durante el camino me explicó que ella tiene una tiendecita a dos cuadras del hotel donde me iba a alojar, así que, no habría ningún problema en dejarme cerca de donde ella iba.

Quienes me conocen, saben que no me gustan para nada los taxis y más si voy con desconocidos. Aun así, mientras ella hablaba, el sueño se apoderó de mí y me quedé dormida observando y oyendo su dulce voz.

- Descansa – oí que me decía.

Cuando me desperté habíamos llegado a San Carlos de Bariloche, nos bajamos del auto y pude observar la inmensidad de la ciudad fortificada por los Andes Patagónicos y el Lago Nahuel Huapi o isla de jaguar. Hacía algo de frio en aquella época del año.

-  Bien, ya hemos llegado. Media hora antes de lo que pensábamos. Allí está tu hotel y por allí mi tiendecita. Ya sabes dónde me tienes para cuando me necesites.
-  Muchas gracias, de verdad. Como se llama su tienda.
-  El hogar de Lucinda…
-  ¿Cómo?
- Me llamo Lucinda y ya sabes dónde tienes tu hogar cuando me necesites alguna vez. Y quieres hablar con alguien, mis cuatro paredes te escucharan.

Se volvió a montar en el coche y allí me quedé, sola, pensando y sin articular palabra. Me alojé, cené algo y a la mañana siguiente, me fui a la entrevista de trabajo. Como era de esperar, me dieron el puesto y fui muy contenta a la tienda de la buena señora a darle las gracias, ya que sin ella no me lo hubieran dado pero no la encontré.

Nunca volví a verla, nunca supe más de ella y en aquella tiendecita de recuerdos de la ciudad, nunca habían oído hablar de ella. Me quedé confusa pensando en lo que me había pasado.

Curiosamente, el apartamento que estaba de encima de la tienda estaba en venta y lo adquirí por un módico precio ya que, sus antiguos inquilinos, habían heredado dicha casa y querían deshacerse cuanto antes de ella, puesto que perteneció a su tía abuela Lucinda Salas.

Creo que deseaba tanto no encontrarme tan sola, que extrañé tanto a mi madre y desee que estuviera conmigo en aquel momento. Tal vez ella se había presentado ante mí en forma de ángel o era un espíritu el cual me había guiado hasta mi destino…””

JMSalvador
9/02/14