domingo, 9 de febrero de 2014

SENTIRTE CERCA...


Ariadna, es la hermana del primo de mi mujer. Ella siempre ha contado, que aquel día fue cuando se dio cuenta de que existían los ángeles y que están con nosotros en la tierra. Su fe se perdió cuando murió su mamá.

Lucinda, como así se llamaba, falleció de cáncer dejando quehaceres pendientes en la tierra, sobre todo, aquellos que tanto ansiaba y sobre todo, acompañar a sus hijos en esta ardua batalla de la vida.

Ariadna cayó en una depresión y desasosiego que la hundió extremadamente.

Un día, años después de aquello, Ariadna se encontró con nosotros en un bar, para tomar un poco de mate y charlar de acontecimientos que habían cambiado su vida y que quería compartir con nosotros.

““Les cuento lo que me pasó estando un día en Argentina, rumbo a Buenos Aires, iba a viajar en un bus lujoso y cómodo para un puesto de trabajo que me habían recomendado en Bariloche. Como era normal, iba sola y me dio por pensar que las cosas no saldrían bien. Siempre, en los momentos más importantes de mi vida, mi madre había estado allí. Los nervios me hicieron perder la calma y necesitaba tomar un poco de aire y lavarme un poco la cara. Me acerqué al cuarto de baño y me miré profundamente al espejo buscando una quietud dentro de mí que me levantase la moral y que me dijese que todo iba a salir bien.

Cuando desperté de mi tránsito emocional, el corazón me dio un palpito y noté que los minutos habían pasado más deprisa de lo habitual y salir corriendo hacía el hangar donde debería estar el bus que me llevaría a mi destino, pero ya no estaba. Hacía salido puntual y a mí me había dejado en tierra, con mi maleta, con mi billete y sin esperanzas. Había tirado mi destino por la borda y sin ninguna fe de volver a recuperarla puesto que me esperaban en unas horas para entrevistarme y tomar posesión de mi nuevo cargo.

De pronto, una señora mayor se acercó a mí y me preguntó si podía hacerle el favor de meter mi mano en su morral y sacar un tubo de agua que tenía escondida en sus espaldas. La miré recelosa puesto que yo no hago esas cosas y menos con extraños, pero ella volvió a suplicarme ya que me explicó que era un incordio bajarse el morral de la espalda, con lo que pesaba, para luego volvérselo a subir.

Ella me sonrió y me pidió disculpas y eso me tranquilizó. Acepté su petición y saque su agua. Su sonrisa se hizo más viva y sus ojos brillaron un poco más de lo que anteriormente lo habían hecho. Me lo agradeció poniendo sus manos en las mías. 

- ¿De dónde venís? – me comentó
- De Arequipa, señora.
- ¿Cuántos días en Argentina?
- Vine a visitar a unos parientes a Santa Cruz y de paso encontré una buena oferta de trabajo. Llevo unas 20 horas de viaje y estoy extenuada.
- Yo también perdí el bus pero no me importa, yo vivo allí y no tengo prisa. Puedo coger el siguiente.
- Para mí el siguiente ya es demasiado tarde – le dije.


Volvió a sonreírme y agarrándome del brazo, tiró de mí. Me extrañé.

- Veni, vamos a coger un taxi.
- Pero…Es muy caro hasta allá.
- Nada, tranquila, lo pago yo ¿Para qué sirve la plata si no lo puedo gastar con los buenas amigas como tú?.

Durante el camino me explicó que ella tiene una tiendecita a dos cuadras del hotel donde me iba a alojar, así que, no habría ningún problema en dejarme cerca de donde ella iba.

Quienes me conocen, saben que no me gustan para nada los taxis y más si voy con desconocidos. Aun así, mientras ella hablaba, el sueño se apoderó de mí y me quedé dormida observando y oyendo su dulce voz.

- Descansa – oí que me decía.

Cuando me desperté habíamos llegado a San Carlos de Bariloche, nos bajamos del auto y pude observar la inmensidad de la ciudad fortificada por los Andes Patagónicos y el Lago Nahuel Huapi o isla de jaguar. Hacía algo de frio en aquella época del año.

-  Bien, ya hemos llegado. Media hora antes de lo que pensábamos. Allí está tu hotel y por allí mi tiendecita. Ya sabes dónde me tienes para cuando me necesites.
-  Muchas gracias, de verdad. Como se llama su tienda.
-  El hogar de Lucinda…
-  ¿Cómo?
- Me llamo Lucinda y ya sabes dónde tienes tu hogar cuando me necesites alguna vez. Y quieres hablar con alguien, mis cuatro paredes te escucharan.

Se volvió a montar en el coche y allí me quedé, sola, pensando y sin articular palabra. Me alojé, cené algo y a la mañana siguiente, me fui a la entrevista de trabajo. Como era de esperar, me dieron el puesto y fui muy contenta a la tienda de la buena señora a darle las gracias, ya que sin ella no me lo hubieran dado pero no la encontré.

Nunca volví a verla, nunca supe más de ella y en aquella tiendecita de recuerdos de la ciudad, nunca habían oído hablar de ella. Me quedé confusa pensando en lo que me había pasado.

Curiosamente, el apartamento que estaba de encima de la tienda estaba en venta y lo adquirí por un módico precio ya que, sus antiguos inquilinos, habían heredado dicha casa y querían deshacerse cuanto antes de ella, puesto que perteneció a su tía abuela Lucinda Salas.

Creo que deseaba tanto no encontrarme tan sola, que extrañé tanto a mi madre y desee que estuviera conmigo en aquel momento. Tal vez ella se había presentado ante mí en forma de ángel o era un espíritu el cual me había guiado hasta mi destino…””

JMSalvador
9/02/14




viernes, 24 de enero de 2014

ME PROPONGO

HOY ME PROPUSE SER FELIZ Y DECIDÍ NO DESAPROVECHAR EL DÍA. ASÍ QUE, DECIDO CAMBIAR MI ALMA, MI FORMA DE PENSAR, MI VIDA E INCLUSO, LAVAR MI CARA.

HOY HE DECIDIDO QUE QUIERO RESPIRAR AIRE FRESCO Y QUE NADIE ENTURBIE MIS DESEOS POR QUE HE DECIDO SACAR MIS ALAS Y VOLAR HACÍA DONDE ELLAS ME LLEVEN HASTA QUE MI CUERPO RENUNCIE A LAS GANAS.

HOY HE DECIDO VOLVER A SENTIR, CAMBIAR LA MÚSICA QUE SONABA DENTRO EN MI INTERIOR, QUE ME ANGUSTIABA Y QUE TANTOS TEMORES, EN MÍ ARRANCABAN...

POR FIN, HE DECIDIDO RENACER Y PASAR PAGINA.

HOY HE DECIDIDO QUE LAS PIEDRAS SE ESQUIVAN CUANDO NO SE APARTAN Y QUE LOS PELDAÑOS DE LA VIDA SE SUBEN POQUITO A POCO Y DE UNA EN UNA, DESPACITO PARA NO CANSAR DEMASIADO AL ALMA...

POR FIN, HE DECIDIDO CUAL ES EL CAMINO QUE DEBO TENER, QUE MI SENDERO HACE TIEMPO QUE ESTABA ESCRITO, SIN CAMBIAR NI UNA COMA, NI UN PUNTO, NI UNA SIMPLE ENTONACIÓN EN MI DESTINO...

QUE LAS PENAS DURAN UN SEGUNDO Y LAS ALEGRÍAS TODA UNA VIDA Y QUE SI PIENSO EN POSITIVO, POR MUY MAL QUE TENGA EL DÍA, TENDRÉ MI RECOMPENSA EN LA SIEMBRA, EN AQUELLA QUE PLANTE HACE JORNADAS.

ASÍ QUE, DECIDO, SIN TITUBEAR EN NINGÚN PUNTO Y SEGUIDO DE MI EXISTENCIA, QUE DEBO VOLVER SIN DEJAR PASAR UN SOLO SEGUNDO, A LO QUE ES MI NUEVA Y RENOVADA VIDA. AQUELLA QUE TANTO LABRÉ CON MIS MANOS Y QUE TANTO AMÉ CADA DÍA.

Jesús Mº Salvador © 
23/01/2014





miércoles, 3 de julio de 2013

MUDAR LA PIEL


A veces, uno debe frenar su vida y ver si lo que estás haciendo es lo correcto. Creo que en mí, ese momento ha llegado.

Llevo mucho tiempo por el mismo camino y creo se ha me hecho rutinario. Intento, antes de pegar un mal paso, asimilar toda mi existencia vivida desde que tengo uso de razón. Intento comprender todo lo sucedido y lo que pueda suceder a partir de ahora, de una forma objetiva, clara y pausada para no perder ningún detalle, y sobre todo, mi cordura. Mi lucha interna, las experiencias, el buen hacer, el mundo de mi alrededor y el tiempo a veces perdido, me han enseñado que la vida que me ha tocado vivir, se vive una vez por muy corta o larga que sea, y que hay que aprovecharla.

Continuamente veo la historia y el mundo que me ha tocado vivir sin emitir ni un solo juicio de valor. Creo a veces, que no debería haber sido digno de esta gracia que he tenido, ya que innumerable veces me he equivocado y multitud de veces he superpuesto mí parte terrenal a la espiritual. Pero creo que nadie es perfecto, y digo nadie aunque haya una razón para ello.

Con la edad que tiene mi alma debo dar gracias por haber enseñado e inculcado la doctrina del amor, la libertad y el respeto a los demás de una forma sana y sencilla. Gracias a ello, he llegado hasta donde me encuentro ahora.

Son curiosas las vueltas que da el ser humano sobre sí mismo para llegar a conocerse y comprender a sus semejantes. Ser maestro de los demás siendo tú el discípulo de la Humanidad, de los caminos emprendidos y empedrados y que has conseguido solo con la ayuda de aquellos que te dan la mano y te aman como bastón de apoyo, y que han estado a tu lado desde el principio de los tiempos. Sentirse querido sin pedir ni recibir nada a cambio y hacer partícipe de tus experiencias al que se encuentra a tu lado y que has necesitado. Por lo menos, así me lo inculcaron quien siempre han estado a mi lado.

Recuerdo el día en que me dijiste:

 “ ... En este mundo tan complicado de leyes paganas, con todo tipo de culturas, religiones y cambios sociales, el que presta su alma al servicio de los demás que no espere recompensa alguna por parte del individuo al que ha socorrido. Solo espere sosiego de aquellos que realmente se consideran amigos puesto que siempre, éstos, estarán a su lado sin pedir nada a cambio. Y son tan pocos los llamados a la mesa del Señor que apenas se agolpan en las manos de Éste... Pero búscales, nunca pierdas las esperanzas ni des por perdido el camino, tal vez, alguien lo necesite de nuevo y busquen de nuevo tus manos, para coger impulso y no perecer en algún estanque profundos...“.

Eso es lo que siempre me llevaré: Esperanzas….

¡Dios mío, cuántos hombres y mujeres han luchado y sobrevivido después de años de existencia y han sucumbido en esta cruel realidad, en corazón y mente dentro de nuestro camino! Y cada vez son menos. Vivo en un mundo injusto de injustas y crueles palabras, que el más sabio es aquel que se cree el más poderoso y que solo busca la mano del más honesto y débil para poder de nuevo elevarse y ganar así sus propios propósitos.

Ahora ya soy más consciente de ello aunque haya tenido que pagar un precio para equilibrar mi balanza espiritual. Pero también es gratificante saber que todo lo que he hecho no ha caído en saco roto y todo lo salvado o perdido para no extinguirse en la hoguera del sufrimiento, de la monotonía y el aburrimiento, ha servido para algo.

“” Creo que lo que hago, es lo que elijo “”

Cuando la gente se dedica a criticar lo que haces creo que no se ha mirado su propia viga en el ojo. Alguien dijo alguna vez que si hablas de mi vida es porque tu vida es, supuestamente, un ejemplo de vida, si no, no tienes derecho a hacerlo.

Con lo cual, debemos pasar por el camino de ignorar y no sucumbir a sus palabras malsonantes. Solo ignoraremos que será lo más inteligente.

No rompo mi cadena con el mundo, no abandono, solo sigo un camino dictado por el destino y es lo que quiero. No me apeo de mi carro, solo descanso y decido tomar otra ruta alternativa. Cada uno, nos iniciamos en nuestro sendero con nuestros propios fantasmas. Pero no debemos aferrarnos a ellos como si fueran la respuesta a nuestro destino ya que, muchas veces, nos dicen que andemos por otro sendero, y cuando no nos gusta, parece que el camino es el incorrecto. Solo debemos asumir lo que nos toca.


Creo que ya es hora de seguir por otro camino que enriquezca a mi corazón y mi espíritu…

Debo mudar mi piel


JMSalvador
3/07/13





miércoles, 27 de febrero de 2013

CUANDO EL CORAZÓN DUELE


Me miró fijamente y me observó con los ojos ensangrentados de desprecio y aborrecimiento

-        Me duele el alma – le miré fijamente con lágrimas en los ojos - Quiero gritar… Quiero echar fuera de mi todo aquello que me estorba, que me impide seguir caminando y avanzando en mis propósitos… Pero veo tantas injusticias a mi alrededor que no puedo callar, no puedo contener tanta rabia. No puedo sentir amor por alguien que se comporta conmigo y con los demás como un cínico y miserable… No puedo, es contra natura y está fuera de mis principios…

Miró al horizonte y caminó unos pasos hacia el montículo de piedra. Guardó silencio y cogió aire, el suficiente para exhalar de un solo golpe, palabras de gratuita calma y de inmensa sinceridad.

-         El Señor dice que sí el corazón está enfurecido, debemos sujetar la lengua para guardar silencio, ya que la mente juega malas pasadas y decimos lo que no debemos. Tenemos que pensar antes las cosas para que el corazón se apacigüe y guarde quietud. Así, la lengua dirá sosegadamente lo que siente el alma.

-         Pero mis sentimientos no son puros porque me aflige vergüenza de ellos y me hace sentir impotente – reprimí mi angustia.

-         Querido Iridel, los sentimientos son ideas que deben dominar a las palabras, calmando las fuerzas de nuestras buenas o malas ideas.  – se volvió a mi - Por tanto, guardad silencio para que tu corazón se sosiegue y no digas nada de lo que luego puedas arrepentirte, no vaya a ser que el oído del otro corazón que te escucha, oiga lo que no debe y enfurezca su boca y humilde tus sentimientos.

-         ¿Debo pensar lo que digo antes de actuar?.. pregunté.

-      Debes decir lo que siente de manera y clara que el que esté a tu lado sepas a lo que te refieres, si dices lo que no sientes, oirás lo que no quieres y será un continuo compendió de malas palabras y barbaridades.

-         Pero es injusto- insistí.

-         Pues hazlo justo y que te oigan y te entiendan, solo así saldrán de tu boca palabras con fundamento y con sentimientos. A los guerreros se les gana en las batallas con palabras y gestos de buena voluntad, no con espadas y lanzas. Así David, venció a Goliat y libró a Israel del gigante.




La necedad del hombre pervierte su camino, y luego su corazón se irrita contra el Señor.

Provebios 19:3

JMSalvador
27/02/13




lunes, 24 de septiembre de 2012

EL PLACER DE SER UNO MISMO


La vida es muy variada y a veces, hasta la nuestra resulta divertida.

Unas veces se nos rodean de buenos cumplidos y de favores, y otras se olvidan de que existimos y se nos cubre de vacío.

A veces, oiremos como somos de dulces y de atentos para con ellos y las alabanzas embriagan nuestro ser. Otro día criticaran nuestra alma y apuñalaran todo nuestro ser con sus murmullos incorruptos y desagradables.

Sentiremos como alzan nuestros valores en boca de otros y al rato, no tendrán en cuenta nuestros méritos bajando nuestro ego interno hasta el subsuelo.

Muchas veces, seremos los primeros y otras veces, seremos los últimos cayendo en desgracia de todos.

Por tanto, no debemos subirnos al pedestal engreídos el primer día porque al segundo, puede ser que nos aplaste una lápida de insultos y caigamos contra el suelo.

No tendremos porque sobrevalorarnos pero tampoco debemos subestimarnos.

Tenemos que ser intransigente y por tanto, exigentes con nuestros principios. No debemos perdonarnos nada de lo que hacemos porque solo nosotros debemos mostrarnos rígidos y duros con nosotros mismos y no con los demás. Si no eres fiel contigo mismo, no pretendas que los demás te sean fieles.

Por tanto, nuestra balanza del destino siempre estará nivelada. Ni nos condecorarán como dioses del olimpos con una corona de laureles por nuestras acciones, ni nos vitorearan como el torero que hace mal su faena en los ruedos.

Debemos ser siempre nosotros mismos y sonreír desde el primer segundo hasta el último, haya o no triunfos porque todo nos sirve para nuestro perfeccionamiento.


"No miremos la paja en el ojo ajeno, si no nos miramos antes, la viga que tenemos en el nuestro..."

Mateo 7:1-5



martes, 11 de septiembre de 2012

INFINITAMENTE INFINITO

Amar hasta que duela, hasta que pare de doler.
¿Será entonces cuando te he dejado de querer?

Y te si amo, ¿hasta cuando y hasta donde?
¿Hasta que tus defectos se hagan mis defectos y tus virtudes, mis virtudes?...

Y si comparto mi vida con tu vida, ¿la comparto por amor o con amor?

Y si te amo y no me amas,
¿te amo por amar o te amo porque me has amado?
Por ello y por tanto, ¿te debo seguir queriendo?...

Y si sufro porque no me quieres y en cambio continuo estando,
¿mi amor sigue siendo infinito o murió caminando?

Entonces, ¿por qué sigo a tu lado y aún creo que te sigo amando?...

Tal vez me he hecho tan cómodo que no veo que tu vela se ha apagado
Entonces, ¿porque no admito que todo a terminado?

Ya no sé cuando te amo o te quiero, cuando te odio o te extraño.
Cuando te aprecio o me olvido y cuando omito que te amo...

Y de pronto, el amor se hace silencio y nos acomodamos al mutismo.
Y con el tiempo nos damos cuenta, que nuestra mudez se ha convertido
en nuestro propio aliado.

Pero en cambio, seguimos juntos, con ese sentimiento que ya ha fallecido,
sujetando una ilusión que en su momento fue nuestro fiel amigo....

Amar por amar, amarnos en lo preciso
y aunque nuestro amor ya este finiquitado,
nuestro cariño, después de tanto tiempo,
será constante aunque de él ya no seamos dignos…


Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor”. 

San Agustín

JMSalvador
11/09/12






jueves, 29 de marzo de 2012

El Naufrago Alado


El viento soplaba con calma haciendo que la brisa marina rozase mi cara. Me encantaba subirme a aquella colina y ver desde lo alto, la inmensidad del mar que se alejaba por el horizonte.  Los verdes prados y el dulce a manzanos, se hacía sentir en cada rincón de aquella, por entonces, aldea.

Solía venir muy a menudo, cuando las cosas se me ponían feas o porque necesitaba pensar o hablar con los míos. Hoy en día sigo haciendo. Cuando puedo en carme y hueso y cuando no, en esencia, como me habían enseñado, desprendiéndome de mi capa externa para fundirme con mi aura y viajar acompañado de mi alma, por los confines de la tierra.

 Agarré mis piernas y puse la cabeza entre ellas. Sentí que me espiaban.

-          ¿Qué observas?
-          El mar y su infinita naturaleza – contesté sin dejar de mirar al frente.
-          ¿Y qué piensas? – insistió.
-          Que hay cosas que nunca se acaban. Cuanto más observo, más agua veo.
-          ¿Y que sientes? - se sentó a mi lado.
-          Que me canso de nadar y a veces me ahogo…
-          ¿Y qué decides?
-     Que no quiero seguir luchando con las olas y que prefiero que la profundidad me arrastre y me envuelva con todo su ser.

Se volvió a hacer el silencio mientras las gaviotas contorneaban su cuerpo en un sinfín de sube y baja.

-          ¿Y si te pongo una isla?
-          ¿Cuán lejos está? – dirigí mi mirada hacia él.
-          Lo que tú quieras que esté.- contestó.
-          ¿Y qué hay en ella? – proseguí.
-          ¿Qué quieres que haya en ella?
-          Soledad. – respiré profundamente.
-          ¿Solo?
-          Solo – afirmé.

El aire brotó entre las ramas y los árboles rugieron al compás. Estaba empezando el atardecer. Miré al cantico de las hojas.

-          ¿Y qué descubrirías en la isla? – continuó.
-          Que no tengo a nadie.
-          Porque quieres soledad. Tu mismo lo has decidido.
-          Creo que yo no lo decidí – me levanté de donde estaba sentado.
-          Tu mismo te cansastes de nadar – insistió.
-          Me cansé de nadar para los demás y incluso, para mí mismo.
-          ¿Y si te diera una isla distinta a la otra? – se deslizó por la dehesa.
-          Tal vez nadaría hacia ella.
-          ¿Y después?
-          Seguiría solo.- volví a afirmar.
-          ¿No quiere que nadie te acompañe?

Le miré con duda.

-          ¡¡Ay, déjalo ya..!!. Deja de torturarme….
-          Es mi trabajo.
-     No es tu trabajo, no es tu misión torturarme. No creo que puedas ser tan odioso, nadie puede serlo…
-         ¿Y por qué no?
-       Porque Dios no te hizo malo, por tanto, no puedes serlo. Puedes ser embustero, tentador, pero no puedes ser malo.
-    Recuerda que tengo un pasado. Él me echo de su lado… - clavó su mirada en aquel cielo con pinceladas anaranjadas.
-          ¿Y no luchastes por volver? ¿Lo hicistes? – me levanté para observarle más de cerca.
-          Me hice cómodo – me contestó

Dentro de esos ojos de cristal había un corazón que aún clamaba misericordia. Dejó de observar el cielo y se alejó de mi presencia. No soportaba que nadie indagase en su alma y menos un ser como yo.

-          ¿Por qué? – insistí.
-          ¿Ahora eres tu el que hace las preguntas? – me desafió.
-          Me gustaría conocerte. Apenas me hablan de ti.
-          Es mejor que sigan así….
-          ¿Tú tienes una isla? –observé de nuevo el horizonte…
-          ¿Y tú?
-          No sé – me acerqué al manzano a oler sus flores.
-          ¿No sabes?
-          Me cansé de luchar, de tirar de las navíos de los demás.
-          Pues no tires.
-          ¿Y por qué?
-          Porque estás cansado de tirar. Tú mismo lo has dicho.
-          Es que creo que ellos no van a tirar si no es con un poco de ayuda.
-          ¿Estás seguro? –me miró.
-          Creo que sí –dudé.
-          Déjales que se hundan en las profundidades o que naden solos.

Hicimos una pausa. Volví a mirarle para examinarle más detenidamente. Su altura y su precisión de un ser perfecto era de los más anormal entre ellos. Definitivamente, el Señor se había explayado en perfeccionarle.

-          Háblame de ti… proseguí.
-          ¿Qué quieres que te cuente?
-          Tu dejastes de nadar hace tiempo, ¿Por qué?
-          Tal vez porque yo también me cansé de hacerlo… - silenció sus palabras.
-          Creía que esto iba a ser más sencillo –suspiré – A veces pienso que nado contracorriente. Creí que algún día, llegaría a la orilla.
-          ¿A la orilla de donde?
-          A mi propia isla.
-          Pero sólo, como dijstes. – se acercó a mí, sintiendo en mi espalda su respiración pausada.
-          No, quería ir acompañado.
-          ¿De ellos?
-          Si, de ellos…
-         ¿De los que dices que te necesitan?
-    De los que nos necesitan – le desafié dándome la vuelta y clavando mis pupilas en las suyas – Llevarles a mi isla y salvándoles de una muerte segura.
-          ¿Y porque a tu isla y no a las de ellos? – sonrió alejándose de nuevo de mi lado.

Me hizo pensar.
.
-        ¿Crees que los estoy arrastrando a mi lado con mis ideas y convicciones? ¿Que estoy imponiendo mis propios criterios?
-          Tal vez… ¿Has pensado si realmente te necesitan?
-       Creo que cuando el Señor me trajo para formar parte de uno de los vuestros, sería por algo y no para perder el tiempo.
-          ¿Y crees que estás perdiendo el tiempo?
-          No lo sé. Dímelo tú…
-          Que pronto te has rendido… - hizo una mueca.


El sol empezaba a descender rumbo al norte de la península hispana. De pequeño solía creer que el astro rey, cuando tocaba el océano, se sumergía de tal forma sobre éste que terminaba apagándose. A veces, me sugestionaba tanto con aquella idea, que cerraba los ojos y creía oír el burbujeo del agua sobre la ardiente estrella.

Cerré los ojos para imaginármelo de nuevo y volver a sentir aquella sensación.

-          No me has contestado mi pregunta – continué sin dejar de revivir aquella sensación.
-          ¿Qué pregunta?
-          ¿Quien eres o quien solías ser?
-          Un ángel. Solía ser una ángel…
-          ¿Solías? – abrí los ojos.
-          Si, solía. Ahora soy un naufrago… Como tú.
-          Un ángel caído… - sonreí sin ganas.
-          En su momento quise arrepentirme. Con el tiempo, me acomodé.
-          ¿Y sigues en tu isla?
-          En mi isla.
-          ¿Sólo?
-          ¿Quién te ha dicho que estoy sólo? – me miró desafiante. – Pues te equivocas.
-          ¿Y quien tienes a tu lado? – acepté su desafío.
-          Almas como la tuya.
-          ¿Cómo la mía? – me sorprendí – ¡Explícate!
-       Si, almas que no desean ser salvadas, almas que renuncian a seguir viviendo y almas que salvan a otras almas en beneficio propio.
-          En parte hacemos lo mismo – afirmé.
-          Lo mismo no – negó.
-          ¿Cuál es la diferencia?
-         Que tu salvas almas para que no se ahoguen y para que lleguen a su isla o a la tuya y yo las dejo que se ahoguen o la tiento para hacerlo.
-          Pero les das una oportunidad.
-          Pero siempre a cambio de algo.

Suspiré.

-          ¿Piensas?
-          Si.
-          ¿En que?
-          No sé. Me apetece estar solo.
-          Me voy entonces – dijo alejándose.
-          Como desees – me conformé.
-          Piensa en ello, Íride –dijo alejándose hacia el acantilado.


Observé como se adentraba en el horizonte bajo una fina niebla que empezaba a ponerse. Era digno de ver como se deslizaba por el prado sin tocar una hoja, una rama o una minúscula flor que allí encontraba en su camino.

-          ¿Shatán? – paré su retirada.
-          ¿Hermano? – contestó.
-          No eres como dicen, estoy convencido – afirmé mis palabras.

Se volvió ante sí y mirándome fijamente con una mueca de gratitud, me respondió:

-         Hay un dicho que dice que nunca debemos confiarnos de la bondad de nuestros superiores… No te fíes de mi…
-          ¿No me salvarías si así lo necesitase?
-          Si mereciera la pena, así lo haría pero seguro que te condicionaría para mi conveniencia.
-          Aunque creo que ya lo has hecho – sonreí.
-          Bien entonces…
-          ¿Cuándo volveré a verte?
-          Cuando necesite cobrarte mis honorarios.
-          Entonces, te estaré esperando –  le confirmé.

Shatán desapareció ante mis ojos y yo empecé a prepararme para mi marcha. El sol ya estaba poniéndose y yo necesitaba descansar un poco.


JMSalvador
29/03/12